Estos son los Lakers. Para lo bueno y para lo malo. Igual regalan un partido con un solo cuarto disputado que contagian de su juego loco al rival y ponen contra las cuerdas a un equipo como los todopoderosos Heat de LeBron y compañía. Fue para morir en la orilla (95-101), pero sirvió para que los californianos demostraran que sí saben luchar.
Los Lakers saltaron sin complejos y sin Kobe ante un equipo que se presentaba con todo su arsenal, Wade incluído tras muchas especulaciones. D'Antoni había logrado que sus consignas se hicieran realidad y su muchachada, guiada por Jodie Meeks (17) y Xavier Henry (14), desplegaban un juego anárquico en el que se sentían más cómodos que su rival. Los Heat no sabían cómo frenar ni a quién parar en un equipo sin estructura aparente.
Así se fraguó un primer cuarto en el que los Lakers sorprendían a los Heat (27-21). Todo gracias a una especia de 'run&gun' que más parecía un correcalles. Era el tiempo de Henry, Meeks y un Gasol espoleado por la posibilidad de pasar a 'Pistol' Pete Maravich como centésimo anotador en la historia de la NBA. Al final el español se quedó sin victoria y también sin gesta por sólo dos puntos (13 puntos, 13 rebotes y tres asistencias).
Spoelstra aprovechó el entretiempo para apretar las tuercas a sus muchachos y cerró su aro en un segundo cuarto dominado por Bosh (23 puntos) y la versión más cercana a lo que LeBron (19) es en realidad. Los Heat se llevaron el cuarto y todo apuntaba a que aquello era el inicio de una paliza. Nada más lejos de la realidad.
Los 'Beach Boys' se quedaron en el vestuario tras el descanso. Al menos mentalmente. Algo que aprovecharon los Lakers para poner picante a un partido de todo menos soso. En esos registros de locura es Nick Young (20 puntos) uno de los jugadores que mejor se maneja y así lo demostró con nueve puntos consecutivos y, lo que era más importante, picando a LeBron al que arrancó dos faltas consecutivas y al que sacó de sus casillas.
El escolta, que vive su mejor momento de la temporada, demostró que necesita muy poco para calentar un partido y enchufó a los angelinos al choque cuando ambas escuadras enfilaban el último acto con las posibilidades de hacer saltar la banca de la jornada aún intactas.
En ese último cuarto Xavier Henry daba alas a los Lakers e incluso les hacía soñar con la victoria al poner al equipo por delante (81-79 a falta de 10 minutos). Sin embargo, el acierto del siempre fiable Ray Allen (12 tantos) y la cortesía de Bosh aprovechando las facilidades defensiva de los de D'Antoni ponían la máxima ventaja de los de Florida (83-92) y que ya resultaría imposible de remontar por unos Lakers que se dedicaron a hacer la goma lo máximo que pudieron.
Y entre esas canastas locas y las posibilidades reales de ganar se terminó escapando el choque, como apuntaban los pronósticos, aunque con una mejor imagen de la esperada gracias a un partido loco y anárquico. Y es que eso son los Lakers. Para lo bueno y para lo malo.
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